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| Aquiles Carvajal Consejero Estudiantil FACEA-UV |
Hermoso e impresionante, hablamos de un verdadero oasis en medio del desierto de Atacama.
Muchos son los valles de Chile (pensamos de inmediato en Elqui), pero aquí se trata de uno especial, su belleza está en el encanto de su majestuoso río y arboleada que lo rodea, la misma imagen que cautivó a los españoles a someter a los diaguitas bajo su yugo para conquistar estas tierras, extraer sus riquezas, imponer su cultura y religión como una hueste maldita.
Pero no estamos tan ajenos a esa realidad. Es cosa de
cambiar al ambicioso español por el capitalista actual, el de ansias de poder y
enriquecimiento a cuesta de contaminación, desigualdad e insolencia a quienes
ve como sus siervos, el pueblo.
Este valle lo dibuja su fisionomía desde la cordillera con
sus montañas ricas en minerales (oro, cobre, plata, molibdeno, etc.), cuna de
asentamientos mineros en el siglo XX como el chañarcillo; preservando
milenarios glaciares, fuentes hídricas que dan vida a pequeñas afluencias de
agua que desembocan en el gran río Huasco; pasando por un frondoso valle de
parras, naranjos, paltos, etc. Que generan una exquisita cultura agrícola y
produce delicias como los piscos y vinos; retocando el litoral con una costa
majestuosa y rica en productos marinos, una zona pesquera.
Realmente lo tiene todo, para la economía primitiva de esta
comunidad significaba una riqueza importante, y por ello era necesario
cuidarla. Pero, ¿Qué de eso se nos olvidó?
En el 92 se cambió al pescador por el termoeléctrico, con la
llegada de “Guacolda” un imperante proyecto eléctrico para abastecer de energía
a la zona norte y centro de Chile. Energía a cambio de chimeneas cuyas
fumarolas ennegrecen los cielos huasquinos produciendo cáncer y muerte del mar
por sus desechos, junto a la Planta de pellets de la Compañía Minera del
Pacifico (hoy CAP). Cómo si la costumbre neoliberal de jugar a nombrar
proyectos con indígenas y batallas históricas de nuestros ancestros fuese a
causar empatía.
Ya a inicios del 2000 surge Pascua Lama, el mayor proyecto minero
de Chile, donde se descubre uno de los yacimientos de oro y plata más grandes
del mundo, lo que con políticas estatales de peso podría marcar un precedente
en la historia minera, nacionalizando aún más nuestros recursos, produciendo
empleo y productividad al país, fortaleciendo Codelco, pero no, se lo dimos a
los canadienses y a Bush. El rumor de que llegaría el desarrollo a la zona era
el opio del momento. La minera hablaba de grandes proyectos para la comunidad,
los caminos al interior se mejoraron, se posicionaron alcaldes estratégicos, el
lobby surgió con los políticos locales, las becas aumentaron, los clubes
deportivos tenían nuevos equipamientos. El problema es que justo, justo allí,
el mineral, justo estaba por debajo de los glaciares. Qué pena, habrá que destruirlos para cumplir
nuestro objetivo de explotación, dijo la gran Barrick.
Este año vimos surgir a una ciudad desconocida para Chile,
pero que a cuesta de organización y empoderamiento de su real capacidad, se
sublevó, Freirina. La planta Agrosuper que vino a remachar la política
saqueadora y contaminante del Valle, con los desperdicios que sus cerdos (los
reales, no los de arriba), dejaban. El olor insoportable, las moscas, los
mareos, la falta de respeto. Y para rematar se aprueba indiscriminadamente
Punta Alcalde, en un pequeño acuerdo puertas adentro de ministros fachos, hijos
de las cúpulas más tradicionales del otro Chile, las que se enriquecen y
provocan ese 1% más rico, otra
termoeléctrica que no viene a cubrir más que la necesidad de las grandes
mineras y empresas de la zona, porque sí, se llevan el 45% de la energía local.
Y teniendo uno de los cielos más limpios para paneles solares, y los vientos
más abundantes para energía eólica, medios renovables.
No me vengan con el cuento del desarrollo y empleo, siendo
que tenemos alternativas.
Si esto no es zona de sacrificio, así como se los muestro,
así como verdaderamente es, ¿Qué más es?.
Si los huasquinos se alzaron, y lo seguirán haciendo, es
porque existe un agotamiento, un cansancio de pasar a llevar la dignidad y
derecho a estar en un ambiente sano, libre de contaminación, libre de los modos
de producción avasalladores y explotadores, libre de políticas progresistas
falsas, libre de un gobierno ineficiente que tilda a sus alcaldes de “vagos”
que piden trabajo sin esfuerzo, triste y libre.
Aysén fue una muestra, en realidad una realidad, valga la
estúpida redundancia, y Freirina viene a calcarlo. También Calama, Montenegro,
Chiloé, Ercilla y más. El punto, lo que pasa en el Huasco es desesperanzador,
atemorizante, incierto, desmotivante, y pese a eso, aun así la gente cree, vive
el día a día pero no esperando, se para y grita lo que necesitan, lo que
quieren, salen a las calles por lo propio.
Si algo debe dejar esto es que las zonas de sacrificio son
peyorativamente malas, pero en este caso, de algo bueno sirve, asi como el
cierre de una universidad con lucro, es la misma contradicción a priori
negativa, pero no, sirve para despertar y exigir, saber que el sacrificio lo
corre la gente a cambio de algo mejor, pero esa realidad debe cambiar en
nuestro Chile permisivo experimento neoliberal.
16:14
Centro de Estudiantes de Administración Pública

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