lunes, 31 de diciembre de 2012

Valle del Huasco: Zona de sacrificio

Aquiles Carvajal
Consejero Estudiantil
FACEA-UV




Hermoso e impresionante, hablamos de un verdadero oasis en medio del desierto de Atacama.

Muchos son los valles de Chile (pensamos de inmediato en Elqui), pero aquí se trata de uno especial, su belleza está en el encanto de su majestuoso río y arboleada que lo rodea, la misma imagen que cautivó a los españoles a someter a los diaguitas bajo su yugo para conquistar estas tierras, extraer sus riquezas, imponer su cultura y religión como una hueste maldita.

Pero no estamos tan ajenos a esa realidad. Es cosa de cambiar al ambicioso español por el capitalista actual, el de ansias de poder y enriquecimiento a cuesta de contaminación, desigualdad e insolencia a quienes ve como sus siervos, el pueblo.

Este valle lo dibuja su fisionomía desde la cordillera con sus montañas ricas en minerales (oro, cobre, plata, molibdeno, etc.), cuna de asentamientos mineros en el siglo XX como el chañarcillo; preservando milenarios glaciares, fuentes hídricas que dan vida a pequeñas afluencias de agua que desembocan en el gran río Huasco; pasando por un frondoso valle de parras, naranjos, paltos, etc. Que generan una exquisita cultura agrícola y produce delicias como los piscos y vinos; retocando el litoral con una costa majestuosa y rica en productos marinos, una zona pesquera.

Realmente lo tiene todo, para la economía primitiva de esta comunidad significaba una riqueza importante, y por ello era necesario cuidarla. Pero, ¿Qué de eso se nos olvidó?

En el 92 se cambió al pescador por el termoeléctrico, con la llegada de “Guacolda” un imperante proyecto eléctrico para abastecer de energía a la zona norte y centro de Chile. Energía a cambio de chimeneas cuyas fumarolas ennegrecen los cielos huasquinos produciendo cáncer y muerte del mar por sus desechos, junto a la Planta de pellets de la Compañía Minera del Pacifico (hoy CAP). Cómo si la costumbre neoliberal de jugar a nombrar proyectos con indígenas y batallas históricas de nuestros ancestros fuese a causar empatía.

Ya a inicios del 2000 surge Pascua Lama, el mayor proyecto minero de Chile, donde se descubre uno de los yacimientos de oro y plata más grandes del mundo, lo que con políticas estatales de peso podría marcar un precedente en la historia minera, nacionalizando aún más nuestros recursos, produciendo empleo y productividad al país, fortaleciendo Codelco, pero no, se lo dimos a los canadienses y a Bush. El rumor de que llegaría el desarrollo a la zona era el opio del momento. La minera hablaba de grandes proyectos para la comunidad, los caminos al interior se mejoraron, se posicionaron alcaldes estratégicos, el lobby surgió con los políticos locales, las becas aumentaron, los clubes deportivos tenían nuevos equipamientos. El problema es que justo, justo allí, el mineral, justo estaba por debajo de los glaciares. Qué pena, habrá que destruirlos para cumplir nuestro objetivo de explotación, dijo la gran Barrick.

Este año vimos surgir a una ciudad desconocida para Chile, pero que a cuesta de organización y empoderamiento de su real capacidad, se sublevó, Freirina. La planta Agrosuper que vino a remachar la política saqueadora y contaminante del Valle, con los desperdicios que sus cerdos (los reales, no los de arriba), dejaban. El olor insoportable, las moscas, los mareos, la falta de respeto. Y para rematar se aprueba indiscriminadamente Punta Alcalde, en un pequeño acuerdo puertas adentro de ministros fachos, hijos de las cúpulas más tradicionales del otro Chile, las que se enriquecen y provocan ese 1% más rico,  otra termoeléctrica que no viene a cubrir más que la necesidad de las grandes mineras y empresas de la zona, porque sí, se llevan el 45% de la energía local. Y teniendo uno de los cielos más limpios para paneles solares, y los vientos más abundantes para energía eólica, medios renovables.
No me vengan con el cuento del desarrollo y empleo, siendo que tenemos alternativas.

Si esto no es zona de sacrificio, así como se los muestro, así como verdaderamente es, ¿Qué más es?.
Si los huasquinos se alzaron, y lo seguirán haciendo, es porque existe un agotamiento, un cansancio de pasar a llevar la dignidad y derecho a estar en un ambiente sano, libre de contaminación, libre de los modos de producción avasalladores y explotadores, libre de políticas progresistas falsas, libre de un gobierno ineficiente que tilda a sus alcaldes de “vagos” que piden trabajo sin esfuerzo, triste y libre.
Aysén fue una muestra, en realidad una realidad, valga la estúpida redundancia, y Freirina viene a calcarlo. También Calama, Montenegro, Chiloé, Ercilla y más. El punto, lo que pasa en el Huasco es desesperanzador, atemorizante, incierto, desmotivante, y pese a eso, aun así la gente cree, vive el día a día pero no esperando, se para y grita lo que necesitan, lo que quieren, salen a las calles por lo propio.
Si algo debe dejar esto es que las zonas de sacrificio son peyorativamente malas, pero en este caso, de algo bueno sirve, asi como el cierre de una universidad con lucro, es la misma contradicción a priori negativa, pero no, sirve para despertar y exigir, saber que el sacrificio lo corre la gente a cambio de algo mejor, pero esa realidad debe cambiar en nuestro Chile permisivo experimento neoliberal.


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